Demente Quedé

Este artículo fue escrito en on January 29, 2011
Archivado bajo: Amor, autoayuda, psicologia

El silencio ya me ha dejado tan sorda que me da igual gritar y gemir a los cuatro vientos sobre inertes lápidas de cemento cuanta necedad hay en algunos sentimientos, desposeídos de su verdad natural, como si le quitaras a mí columna vertebral, cayendo a pedazos sanguinolentos por las paredes de mis cuartos secretos, vacíos de tanto llorar y vomitar desilusiones y falsas esperanzas.

Caen fragmentos de verdades por los resquicios de mis vulnerabilidades. Ya no puedo ser calmante ni calmada, me has clavado el puñal antes de convertirme en tu reina destronada, se desconchan de sí los filamentos de las plantas que acuchillan de mi cerebro los nervios.

De mi no queda más que mi cuerpo, desnudo, callada sobre la alfombra de la desesperación, surgen miles de lamentos de mis dedos soñolientos, y se caen enteros los calendarios de mis adentros.

No hay más voluntad en mí que la voluntad de nada, porque de nada te dije cuando agradeciste mis esfuerzos por convertirte en santo de mi devocionario, ya no quedan escapularios con tus imágenes salvo mi mirada turbia y desolada. Se me olvidan ya los tenebrosos segmentos de aquellos cuentos en los que te amaba tanto que al final caía en un profundo sentimiento de culpa: ¿cómo podía la humanidad perdonarme por tanta ininteligibilidad de amarte a destiempo, con la estúpida excusa de la casualidad, -que nunca creí ni creeré: es cierto-, y con la vanagloria de fumarte y esfumarse de delante de mi cara tus besos?

Demente, demente me encuentro en el desencuentro de tu voz con mi alma, y porque cinco segundos de gloria son pocos si recordarlos puedo. Demente estoy, por eso termino tu sufrimiento pidiendo perdón con algo que pretendía ser una canción, pero se me quedó desteñida, como la intención.

jburga

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